Vuelo sin motor es un viaje placentero por las nubes de la
mente. Planeando relajadamente por lugares soñados podemos descubrir que las
cosas que pasan a 8.000 metros de altura no suelen diferir mucho de las que
vemos a ras de tierra… Aunque desde allí arriba la verdad, tenemos mejores
vistas.
Hemos cambiado el tosco sonido del motor de las hélices por
placenteras melodías más acordes a las historias que imaginamos tras la cara de
cada pasajero que puebla nuestro particular avión. Un micro mundo lleno de
pequeñas aventuras que se condensan fila a fila, asiento tras asiento. Todas
encapsuladas y con cinturones abrochados.
Miramos las caras de nuestros compañeros de viaje sin saber
cuáles son sus dramas, sus alegrías o sus temores. Por eso hemos dejado de leer
las revistas, los libros o las instrucciones de cómo evacuar la nave en caso de
accidente. Es hora de atender a los detalles sutiles que nos dejan las miradas
de los pasajeros. Si nos fijamos bien, tienen mucho que contar.
Vuelo sin motor son historias a 24.000 pies, de gente que
viaja mucho y que, por tanto, tiene mucho tiempo para pensar. Son relatos
hablados de gente normal, con problemas normales. Sólo, que los ven desde muy
arriba.
