jueves, 30 de enero de 2014

Nubes, música y texto

Vuelo sin motor es un viaje placentero por las nubes de la mente. Planeando relajadamente por lugares soñados podemos descubrir que las cosas que pasan a 8.000 metros de altura no suelen diferir mucho de las que vemos a ras de tierra… Aunque desde allí arriba la verdad, tenemos mejores vistas.

Hemos cambiado el tosco sonido del motor de las hélices por placenteras melodías más acordes a las historias que imaginamos tras la cara de cada pasajero que puebla nuestro particular avión. Un micro mundo lleno de pequeñas aventuras que se condensan fila a fila, asiento tras asiento. Todas encapsuladas y con cinturones abrochados.

Miramos las caras de nuestros compañeros de viaje sin saber cuáles son sus dramas, sus alegrías o sus temores. Por eso hemos dejado de leer las revistas, los libros o las instrucciones de cómo evacuar la nave en caso de accidente. Es hora de atender a los detalles sutiles que nos dejan las miradas de los pasajeros. Si nos fijamos bien, tienen mucho que contar.

Vuelo sin motor son historias a 24.000 pies, de gente que viaja mucho y que, por tanto, tiene mucho tiempo para pensar. Son relatos hablados de gente normal, con problemas normales. Sólo, que los ven desde muy arriba.